lunes, 11 de mayo de 2009

Fin y Principio



Así fue cómo terminé un lapso de tiempo y arranqué otro. que me tiene como últimamente. Tengo que recordar, tengo que recordar, como diría Trígorin en La Gaviota, día y noche vivo dominado por una idea: ¡Tengo que escribir, tengo que escribir, tengo que escribir…! Escribo febrilmente, sin darme tregua, y no puedo obrar de otro modo. ¿Y qué hay en todo esto, le pregunto yo, de maravilloso o de brillante...? ¡Qué vida tan buena la mía! Un escritor de segunda fila, sobre todo cuando la suerte no le acompaña, se considera a sí mismo inepto, insuficiente… Es incapaz de mirar a los ojos a los otros, franca y valerosamente, como el jugador apasionado que se encuentra sin dinero. ¡Nunca he conocido a mis lectores, pero, sin saber por qué, siempre me los he imaginado como predispuestos en contra mía y llenos de desconfianza…! ¡Qué terrible era, qué sensación de martirio…! Pero sé que detrás de todo esto está el amor. Sólo el amor.

No pensé que yo podría hacer La Voz Humana, pasar de la representación a la simple presentación.


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Entrevista por el estreno en La Ciudad Invisible

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