Ahora escucho Belle & Sebastian y la marea de aquellos días en que jugaba a enamorar a aquel chico, vuelve inocente. Casi recupero la sensación del smog y el frío que hacía sobre aquella bicicleta, las ganas de que el día acabe pronto, para que la hora de la noche me encuentre sobre la bici, otra vez, de norte a sur, en busca del amor.
Días de sabor dulce y violento, días de gloria. Como una fantasía se terminaron, y pronto llegó un verano que siempre, siempre, tuvo el golpe de un final.
No me resigno.
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